jueves, 9 de junio de 2011

9 de Junio, ¿el día de QUÉ región?



Las Fuentes del Marqués de Caravaca, en marzo: un paisaje muy poco "murciano



A pesar de lo repetitivo que pueda resultar que siempre haya quien esté con las mismas cantinelas, hay días en los que merece la pena rogarles que sigan con el raca-raca. Por eso cito hoy a mi padre o maestro adoptivo, mi amigo Juan Montiel Vila, con el impresionante texto, (publicado también en el periódico Gritos de la Sierra de Yeste), del blog "La Fin del Mundo" denominado: "Segura".
 

Aunque lo verdaderamente importante son las personas y lugares mencionados con sus propios nombres, apellidos y apodos, lo provocador, para quien busque un morbo (?) "nacionalista" de nuestra tierra empieza con este luminoso párrafo: "No recuerdo que se hospedara nunca nadie de Murcia o del Levante, salvo unos vendedores de arrope que venían de Enguera (Valencia) o un comprador de pieles y cera que venía de Mislata, también de Valencia. En todo caso, de Murcia nunca venían huéspedes. Con el tiempo me preguntaba yo el porqué de esa ausencia total de intercambios humanos con Murcia. Mi extrañeza estaba justificada porque ya estudiábamos en la escuela que Caravaca pertenecía a la Provincia de Murcia. ¿Que cosa más rara?, me decía yo, que no venga ningún murciano ¿cómo serían los murcianos, que yo no los había visto nunca?".

Y continúa con la perfecta descripción de qué es Murcia para un niño de Caravaca, de Nerpio, de La Puebla de don Fadrique o de Elche de la Sierra cuando llega allí: "Vi, por primera vez, el esplendor de los naranjos y limoneros, hasta entonces totalmente desconocidos. Eran unos frutales oníricos, fantásticos, para nada tenían apariencia de reales. Descubrí otros colores, otros olores, sentí lo que era el calor sofocante de la vega de Murcia, el azacanamiento de la ciudad. Me veía de repente en otro mundo totalmente ajeno al entorno en el que me había criado. Murcia era verdaderamente otro mundo, nada que ver con Caravaca. No había en Murcia, pensaba yo, ni leyendas de lobos, ni de almas en pena, ni de encantadas de larga mata de pelo, ni historias de bandoleros sanguinarios como Juan Manuel que se contaban en Caravaca al amor de la lumbre, ni leyendas de aparecimientos como la de la Santa Cruz en Caravaca o la de Jesucristo en Moratalla."

Pero si hay una frase que, no por hiperbólica menos verdadera, nos lleva a la infancia a unos cuantos cuyas sensaciones fueron las mismas la primera vez que fuimos a esa capital es ésta: "En fin, Murcia para mi resultó ser tan exótica como la Polinesia. Era otro sitio, otro mundo completamente diferente a Caravaca, tanto en lo físico, en el paisaje, como en el alma que la alimentaba. Sentí a Murcia tan ajena como a Birmania."


Por eso, en este día de vuestra (¿nuestra?), Región, hay que leer "Segura", de Juan Montiel.





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